Se viene el olvido

ESCRITO POR

Gabriel Chaparro

ULTIMA REVISTA

En 1989 con Mariana habíamos decidido separarnos; y también pasar juntos las últimas vacaciones. Fuimos a Mar del Plata e hicimos más o menos lo que todos. Éramos jóvenes, los dos teníamos el pelo largo, y un extenso futuro que queríamos transitarlo cada uno por su lado.

Una noche nos enteramos que con entrada gratis, Alejandro Dolina hacía en el Teatro Auditorio su programa radial “Demasiado tarde para lágrimas”. No conseguimos ingresar y seguimos caminando por la rambla en un verano fresco con viento de Atlántico nocturno. Anduvimos de la mano todavía, charlábamos con profunda confianza y con una melancolía que se aproximaba. Todavía nuestros corazones tenían arterias fuertes y flexibles.

Después de un rato y sin darnos cuenta estábamos regresando hacia el departamento y vimos una multitud de personas en las puertas del teatro. Había terminado el programa; Dolina firmaba autógrafos y saludaba a todos. La mayoría jóvenes como nosotros que quizá también intentaban un recuerdo. Llegamos a él, le dimos un papel y una lapicera, y nos firmó su autógrafo con un mensaje que decía “Se viene el olvido; Alejandro Dolina”.
Cuando logramos salir de allí, con Mariana nos miramos conmovidos. Luego no recuerdo que hicimos.


En 2012 habían pasado 23 años de aquel episodio del verano. Más o menos la edad que teníamos por entonces con Mariana; y Dolina vuelve a aparecer en mi vida y un poco también en la de ella. Habíamos transitado el extenso futuro separados y con suertes diferentes. Esta vez pude ingresar a una de las presentaciones públicas y gratuitas en una gran sala de la ciudad donde vivo. Ahora su programa se titulaba “La venganza será terrible”, y andaba con cierta sed de preguntar. La historia se repitió. Al finalizar la transmisión Dolina fue rodeado por sus seguidores para que le firmen autógrafos o tomarse una selfie junto a él. Pero no era esa mi intención, sino que lo esperé para hacerle una consulta. Casi al final, cuando quedaban dos o tres con un papelito, un celular y alguna lapicera, me acerco para contarle lo sucedido en 1989 en Mar del Plata. Lo miré con ojos entrecerrados; el tipo me miraba igual. Parecía un duelo gauchesco, una escena de cine de dos actores criollos.
-¿Cómo sabías que se venía el olvido?
Pensativo, me contestó con otra pregunta.
-Llegó?
-Llegó. -Le respondí.
-Siempre llega. -Me dijo, certificando un asunto que no parece ser menor.
Asentimos con firmeza mientras las miradas iban distanciándose.

Me fui solo esa noche. Había un viento de primavera húmedo de octubre y de río. Cruzando la plaza pensaba en el tiempo y la no distancia; y en cuánto más debía esperar para que llegue como siempre y otra vez, el olvido.

2 respuestas a “Se viene el olvido”

  1. Gabriel! Me encantó tu relato…,muy bueno!!! Saludos!!!

    1. Gracias Nora por tu saludo…

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