Relatos: La esquina

ESCRITO POR

Osvaldo Torres

ULTIMA REVISTA

Los ojos cargados de sueño,  en el límite imperceptible de la noche de sábado con la madrugada del domingo, el insomnio sale del café y se instala en la esquina.

El sonido de algún violín que se perdió en otro lugar, llega rebotando en los adoquines, se encuentra con la luna que custodia la luz del farol que tiene pocas ganas. La música del baile, el soplido de un bandoneón, el tango que no se bailó, la ilusión que se fue con la mina en otra compañía, se encuentran con la brisa del amanecer; las manos en los bolsillos sostienen la esperanza de algo más. Noche de sábado madrugada de domingo, esquina de siempre, un tango que no quiere dar más el dos por cuatro… le da más que ocho en las sensaciones, las primeras luces del día se mezclan con el grito de un canillita y el chasquido de la escoba de una vecina que donde menos mira es al lugar que está barriendo. Así, la mañana del domingo se va armando.

Los ojos cargados de sueños, el límite imperceptible de la mañana dominguera con la tarde.

El bullicio alrededor de la mesa familiar, los tallarines que le ponen sabor al mediodía somnoliento, todavía con el olor a la noche anterior, el apuro de la bohemia para ir a la esquina iluminada con sol futbolero, para encontrarse con los muchachos y desde ahí en la camioneta de Tito ir a la cancha.

Después de la tarde de gritos y broncas, del choripán más que nada como tradición que necesidad, después de la alegría porque en definitiva el equipo ganó, la cita obligada es la esquina, escenografía para los comentarios y análisis y conclusiones.

Los adoquines empiezan a aburrirse en el atardecer. Anuncian el lunes de obligaciones.

Las lunas y los soles, las sensaciones, la alegría, la bronca, alguna confesión humedecida por una lágrima y los tiempos, todos afluentes de la esquina de tango y futbol.