Muéstrame cómo te sientas, y te diré de dónde eres…

ESCRITO POR

Vanina Berón

ULTIMA REVISTA

¿Por qué unas culturas han adoptado la postura sentada erguida y otras no?
No parece existir una respuesta satisfactoria a esta pregunta aparentemente sencilla.

Resulta tentador sugerir que los muebles fueron apareciendo como respuesta funcional a los suelos fríos, y es cierto que la mayor parte del mundo de los que se sientan en el suelo está en los trópicos.

Pero todos los creadores de muebles para sentarse – los mesopotámicos, los egipcios y los griegos- vivían en climas cálidos. Y para complicar más las cosas, los coreanos y los japoneses, que sí vivían en regiones frías, nunca experimentaron la necesidad de crear muebles y se las arreglaron en su lugar con plataformas que calentaban.

Fernand Braudel sugiere que la aparición de muebles para interiores en diferentes culturas siguió dos normas. En primer lugar, los pobres podían permitirse pocas posesiones y, en segundo lugar, las civilizaciones tradicionales siguieron fieles a la decoración a la que estaban acostumbrados y no la fueron modificando sino lentamente. Pero después se ve obligado a admitir que esta teoría determinista no resuelve suficientemente la cuestión.

Desde luego, es cierto que la gente habituada a sentarse en el suelo se siente físicamente cómoda en esa postura mientras que la acostumbrada a las sillas enseguida se siente cansada e incómoda, pero es imposible explicar la elección cultural de un modo u otro por diferencias en la morfología humana. Los japoneses por lo general son más bajos que los europeos, pero los africanos negros, que también se sientan en el suelo, no lo son. El sentarse en el suelo con la espalda tiesa puede ser bueno para el cuerpo, pero no hay muestras de que las culturas sentadas, como la de los griegos antiguos (y atléticos) crearan sillas porque fueran perezosos o débiles.

Es posible que el sentarse en sillas o en el suelo se pueda explicar únicamente como cuestión de gusto. La idea de que lo natural ha de ser mejor que lo que no lo es exige un salto precario de razonamiento pero, pese a todo parece muy importante para el público occidental al menos a juzgar por las docenas de anuncios que ensalzan la “naturalidad”. Eso es de un engreimiento superficial. Basta con pensar un poco para ver que toda la cultura humana es artificial, tanto la cocina como la música, los muebles como la pintura. ¿Por qué molestarse con instrumentos musicales cuando la voz ya es bastante agradable? ¿ Por qué pintar cuadros cuando el contemplar la naturaleza es satisfactorio? ¿Por qué sentarse en sillas cuando se puede uno sentar en el suelo?

La respuesta es que todo ello hace que la vida sea más rica, mas interesante y más agradable. Claro que los muebles no son naturales, son artefactos. El sentarse en sillas es artificial, y al igual que otras actividades artificiales, aunque de manera menos obvia que el cocinar, que la música instrumental o que la cultura, introduce el arte en la vida. Comemos pasta o tocamos el piano – o nos sentamos erguidos- porque queremos, no porque lo necesitemos. Es algo que debe subrayarse, dado que es tanto lo que se ha escrito acerca de la practicidad y la funcionalidad de los muebles (especialmente los modernos) que resulta fácil olvidar que las mesas y las sillas, al contrario, por ejemplo, que las neveras y las lavadoras, son un refinamiento, no sólo algo útil.

Cuando una persona se sienta en el suelo, no está cómoda ni incómoda. Naturalmente, las piedras con aristas o las obstrucciones desagradables se evitan, pero si no, una superficie lisa se parece mucho a cualquier otra superficie lisa. El sentarse en el suelo es natural; por eso, la persona que lo hace no piensa en cómo sentarse ni en dónde. Eso no es decir que el sentarse en el suelo sea una grosería, al igual que ocurre con otras actividades humanas, puede comportar una etiqueta y un decoro. Por ejemplo, los japoneses nunca se sientan en unas alfombras de gran belleza. No se trata de que ese hábito sea inferior ni menos cómodo, sino de que en ninguno de esos casos se hace explícito el confort.

El sentarse en una silla es otro asunto.La silla ha de estar diseñada para acomodar la postura del cuerpo. Los muebles obligan a la civilización sentada a estudiar, tarde o temprano, la cuestión del confort.

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