Los iluminados de la cuadra

ESCRITO POR

Gabriel Chaparro

ULTIMA REVISTA

Pusieron una luz sensitiva sobre el cesto de basura del complejo donde vivo. Fueron los del consorcio. Le han puesto luz a los desechos; y ahora, cada vez que vamos a dejar nuestras bolsas se enciende y nos focaliza como para no errarle al recipiente comunitario recién pintado de blanco.

Pusieron una luz
sensitiva sobre el cesto de basura del complejo donde vivo. Fueron los del
consorcio de departamentos que existe desde hace décadas sobre una calle
conocida. Le han puesto luz a los desechos; y ahora, cada vez que vamos a dejar
nuestras bolsas se enciende y nos focaliza como para no errarle al recipiente
comunitario recién pintado de blanco.

Dicen desde el consorcio que es “… porque hay otros vecinos, de otros lugares de la cuadra, y también los de aquí a la vuelta, que vienen a dejar cosas que no corresponden en lugares que tampoco corresponde. Huesos con carne han dejado, sillones, colchones, trapos viejos y botellas que ya nadie las lleva. Y últimamente vienen hasta los pobres a desatar las bolsas, a ver si encuentran algo de comida. Pero si por lo menos la dejaran de nuevo atadas, pero no. Ni siquiera vuelven a dejar la bolsa atada y después se desparrama la basura y una tiene que andar juntándola al otro día…”
Pues bien, también por eso está la luz, para que no ande cualquiera haciendo cosas que antes no se veían tanto.

Tal vez los
pobres sabrán ahora que deben ir a buscarse el alimento a otros sitios oscuros,
no a este. Hay tantos que todavía están en las sombras, “porque si seguimos así el paso que sigue es poner una cámara, así
sabremos quiénes son los que dejan cualquier cosa y aquellos que dejan la
bolsas desatadas”.

Un jueves a la
noche (antes de la luz) me detuve a conversar con Juan. Un albañil cincuentón y
sin trabajo quien junto a su señora estaba revolviendo desechos, buscando algo
para llevarse al buche. “Yo jamás me
metería con lo ajeno”
me dijo, “por
eso estoy haciendo esto, porque no tengo trabajo”.
Después (después de la
luz) pensé que nadie más vendría. Que ningunos otros Juan vendrían; porque la
pobreza es dura, y el hambre más y revolver basura para encontrar comida es
peor; y más si te iluminan.

Estoy haciendo esto, porque no tengo trabajo...

Sin embargo, un domingo que anocheció temprano, cuando caminaba por la vereda derecha a contramano de los autos, vi que la calle se encendía como loca y se apagaba de repente, o de golpe. Una vez y otras veces sucedía mientras me acercaba.

Cuando llego al cesto lo veo a Juan: estoico, en plena lucha con la luz mala, ganándole al menos por segundos la batalla a la pobreza, al hambre, a la propia indignidad de su vergüenza; y a las indiferencias de los vecinos iluminados de la cuadra.

"Los iluminados de la cuadra". leído por Rubén Yulió.
"Encontrarnos" por FM105.1, La Cinco de la Ciudad, domingos de 10:00 a 12:00