FOMEA sigue batallando por un medio ambiente cuidado

ESCRITO POR

Edgard Panigatti

ULTIMA REVISTA

En esta segunda entrega sobre la historia de Fomea, debo decir que no fue para nada fácil el arranque como institución. Veníamos de una crisis tremenda  en todo sentido, con un país económicamente quebrado, con una crisis política nunca antes tan grande, que no fue para nada favorable a nuestros deseos de un ambiente sano y saludable.

 

Habían pasado en cuestión de días 7 presidentes a cargo del país y la situación no era la mejor en el interior. Los Intendentes, y en general los políticos de cualquier signo nos llamaban locos, y hasta terroristas.

En definitiva éramos mala palabra, y se sumaba a todo eso la famosa Sojizacion o el monocultivo, más conocido como siembra directa, que se instalaba como una de las salidas de la crisis y le daba al campo un arma letal, con la famosas fumigaciones. Así, lentamente empezamos a construir, lo que hoy es una de las más conocidas, ya no solo a nivel local y zonal, sino Nacional e Internacional. Se empezaron a hacer denuncias sobre basurales a cielo abierto, se llegaron a contabilizar en la ciudad en ese entonces 25 centros clandestinos de deposición de residuos no solo urbanos, sino también de tipo contaminante, escombros, papeles, escorias metalúrgicas, restos de materiales altamente cancerígenos, como asbesto, muy común en las cubiertas de cañerías de vapor en fábricas de la zona y que de a poco iban siendo reemplazadas por otros aislantes. También escombros de todo tipo, restos de construcción, maderas, en fin, todo valía. Sin éxito empezamos a denunciar oficialmente estos hechos ante la Intendencia. Nunca nos llamaron, al menos para idear un plan para contener tanta desidia.

 Lo siguiente fueron las denuncias en la justicia, todas en la UFI a cargo del Fiscal Tempo, todas con el mismo destino, el cajón de los recuerdos, a pesar de las pruebas de todo tipo presentadas en fiscalía. Así pasaron las causas del más grande de todos los basurales detectados el que fue llamado el basural detrás del Hotel Colonial, que comprendía el área que arrancaba en calle Balcarce entre ruta 1001 y Estanislao del Campo y llegaba hasta detrás del barrio de Siderar. Años después fue tapada por la gestión Carignani con tierra extraída de la tosquera del Club Hípico de Barrio Somisa que con  la máquinas y camiones propios la Intendencia comenzó a acarrear hacia ese sector de la ciudad;  se depositaron toneladas de tierra haciendo montañas con la misma y luego con topadoras se desparramó toda esa basura, se niveló el terreno y se cubrió con esa tierra, creando un relleno sanitario sin el tratamiento debido, o sea enterrando la basura como se hace en el Entre, pero sin membrana de contención de los percolados hacia las napas de agua, es decir, una acción netamente criminal por parte de los funcionarios de ese momento. Todo esto el fiscal Tempo lo sabía porque aportamos, fotos y filmaciones y también notas de denuncia que nunca fueron tenidas en cuenta. Las tareas eran a pulmón, no teníamos asesoramiento legal y lo poco que lograbamos de asesoramiento se debió a la desinteresada labor de un abogado amigo recientemente fallecido de Covid, el inolvidable Roberto Pellegrini, compañero de la ex Somisa, y después de su retiro, abogado de UOM. Roberto fue para nosotros importante porque estaba siempre para escucharnos y acompañarnos. Por eso hoy nos entristece su ausencia y es digno lo destaquemos.

Volviendo a la redacción de los hechos, podemos decir que a los basurales siguieron la denuncia de la tosquera en el Hípico, un gran negocio privado en un terreno público cedido al ex Club del Acuerdo, hoy Club Somisa, para actividades Hípicas, y luego usado como Cava para extraer tierra y tosca para rellenar primero los Bañados bajos del citado Club a los efectos de construir la cancha de Rugby, y luego extraer la tosca y venderla a un precio menor en el mercado. Con eso se logró un gran agujero que abarca desde unos 100 metros de Camino Sironi hasta el arroyo Ramallo y unos 80 metros de ancho y 9 de profundidad que actualmente es utilizado para depositar verde y ramas de podas del mismo barrio Somisa por parte de la municipalidad. Este hecho a pesar de haber avanzado en ese momento, con toma de declaración al que ésto escribe como Presidente de la Ong. Fomea, y a los responsables, del negociado, con incluso facturas obrantes en el expte. Fue nuevamente cajoneado por el citado Tempo y luego archivado por las fuertes presiones políticas de los funcionarios cómplices y como siempre todo se cocina en casa, otro hecho más sin resolver. Pero a pesar de todo, empezamos a tener halagos, como ser, reconocimiento a lo actuado como institución no gubernamental destacada de la ciudad. El primer halago vino de una Institución señera de la ciudad, que en el año 2006 nos honra con un premio o distinción, como Organización destacada de la ciudad con el premio RAÍCES 2006. La Fundación Roberto Fernández Viña es la otorgante y eso fue el inicio de otros  logros de ese tipo para Fomea y para mí en persona.

 

 

Me refiero a las menciones recibidas de parte de la Organización Constructores Sociales, que nos honró en los años 2012 y 2014 como premio a Fines y el reconocimiento a mí labor también en 2012. (Acompaño foto) y que a través de todo estos 19 años han ido reforzando nuestro orgullo para ser cada vez mejores. Luego viene la relación de trabajo muy importante que desarrollamos con dos de las empresas más  grandes de la zona y que nos enriqueció aún más al sentir que éramos escuchados y nuestros planteos, puestos en práctica, pero eso lo contaré en otra entrega. Cómo también la llegada a los medios de difusión, tanto locales como de Rosario y otros puntos del país.

Y tenemos más para contar y hacer.