El valor de la memoria colectiva

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En esta columna intentamos una primera aproximación al conocimiento del patrimonio arquitectónico, su sentido, su importancia y su protección. Y lo haremos a través de plantearnos una serie de cuestiones básicas que ayudan a su comprensión.

fototecasannicolas.org

¿Qué se entiende por patrimonio y, en especial, por patrimonio arquitectónico?

El concepto de patrimonio es amplio y
complejo, ya que incluye un conjunto de elementos muy variados que constituyen
la herencia cultural de una persona, un grupo social, una nación o la humanidad
en su conjunto.

En un sentido amplio, el término
“patrimonio” alude a un conjunto de valores naturales, culturales o simbólicos,
tangibles o intangibles significativos para una determinada comunidad. Ello comprende
espacios naturales abiertos (parques, reservas naturales, áreas protegidas),
conjuntos urbanos, sitios o monumentos históricos, edificios de interés
arquitectónico, estilístico o testimonial.

Pero en un sentido más estricto y acotado – también más coloquial, que es el que adoptaremos en este abordaje – podemos hablar de “patrimonio arquitectónico”, incluyendo en este concepto a todos los bienes físicos que, por su relevancia histórica, por su valor testimonial, por sus características constructivas o por su calidad arquitectónica o estilística, resultan relevantes para la sociedad.

¿En qué reside el “valor” a preservar? ¿Quién determina el carácter de “bien patrimonial” de un sitio o un edificio?

La ponderación histórico - arquitectónica
de un inmueble, y su posterior calificación como “bien patrimonial” es el
resultado del análisis de un conjunto de factores diversos, variados y complejos,
entre los cuales podemos mencionar: su significado histórico - político, su relevancia
institucional, su condición de testimonio de la vida social, económica o
productiva de generaciones pasadas, su interés arquitectónico o estilístico, su
carácter simbólico como “hitos urbanos”, etc.

Desde luego, este listado no es taxativo y
pueden existir otros múltiples motivos de valoración,  propios de la comunidad en que la obra está
inserta.

La tarea de apreciación y calificación
patrimonial es igualmente compleja, y comprende, en principio, tres aspectos:

Una consideración técnica del bien,
realizada generalmente por especialistas: historiadores, arquitectos,
restauradores, organismos públicos o entidades vinculadas a la preservación.

Una ponderación social, que resulta la más
importante y la que asegura su permanencia en el tiempo; en definitiva, es la
sociedad, con su carga cultural, la que reconoce valores en el objeto
construido, lo carga de significado y lo incorpora como patrimonio.

Una última aprobación institucional,
generalmente otorgada por los órganos legislativos (Legislaturas Nacionales o
Provinciales, Concejos Deliberantes), que oficializa las valoraciones
anteriores a través de la correspondiente Declaración (Monumento Histórico
Nacional, Monumento Histórico Provincial, Bien Patrimonial, etc).

No todo lo construido ni heredado es,
automáticamente, patrimonio, como tampoco el tiempo, por sí solo, otorga al
bien un valor cultural relevante. Un bien es considerado patrimonio sólo cuando
la sociedad le asigna una significación especial, o sea, cuando sus valores
históricos, artísticos o simbólicos son reconocidos y trascienden más allá del
objeto mismo.

¿San Nicolás posee un patrimonio cultural destacable?
¿Es una ciudad rica en edificios patrimoniales?

San Nicolás es una de las ciudades más
antiguas del interior de la Provincia de Buenos Aires y, en consecuencia,
atesora una riquísima historia que testimonia períodos y hechos muy
significativos del país y de la región.

Este invalorable acervo comprende espacios
y edificios de múltiples orígenes y diferentes fuentes de valoración; por
ejemplo: sitios de interés histórico, como el Monumento al Primer Combate Naval
Argentino (vulgarmente conocido como “Monumento a Azopardo”), la Casa del
Acuerdo y la Casa Bogado; edificios ligados a la historia económica de la
región, como la antigua Aduana de San Nicolás y las Ruinas de Aguas Corrientes;
obras de singular significado simbólico, como la Sede de la Logia Masónica;
construcciones de alto valor estilístico, como el Teatro Municipal “Rafael de
Aguiar”; testimonios de la vida rural, como la Estancia “La Esperanza”, de
Conesa; sedes institucionales, como el Palacio Municipal y los Tribunales de
Justicia, etc.

Como podemos observar, el conjunto de
nuestro patrimonio arquitectónico es tan variado y heterogéneo en su
composición como rico en su contenido, y resulta muy ilustrativo acercarse a un
conocimiento más profundo y detallado: nuestra ciudad cuenta con tres
Monumentos Históricos Nacionales, dos Monumentos Históricos Provinciales y más
de cincuenta Bienes Patrimoniales Nicoleños.

Ordenanza 7475 DE 2008 que detalla parte del Bien Patrimonial componente del Patrimonio Cultural Nicoleño CLIQUEÁ AQUÍ

¿Solamente se consideran “bienes patrimoniales” los monumentos, los sitios históricos o los edificios de estilo?

No, ésa es una concepción elitista y
anacrónica, lamentablemente muy difundida, que debemos superar. Durante mucho
tiempo, la memoria parecía ser la expresión y legitimación de las clases
dominantes y sus valores; hoy necesitarnos que la memoria, el patrimonio, los
símbolos, sean resignificados con un sentido inclusivo e integrador. Ya no es
posible que sólo se rescaten aquellos bienes que son “valores” al juicio de
algunos, y se haga pensar que son de todos.

La ciudad – considerada como construcción
colectiva, como expresión cultural de una comunidad – es el resultado de la
acumulación de muchos factores diversos y contradictorios, de muchas
generaciones de trabajo. Desde esta mirada inclusiva, es posible reconocer como
bienes patrimoniales no sólo a las obras monumentales o de significado
institucional, sino también a las expresiones de la arquitectura popular y vernácula:
las construcciones domésticas (urbanas y rurales), el rancho, el conventillo,
la “casa chorizo”, el taller, la pulpería, el mercado y todas las expresiones
edilicias que testimonian  la vida de las
generaciones pasadas y explican nuestro presente. 

¿Cuál es la normativa vigente en la materia y sus órganos de aplicación?

En el Partido de San Nicolás de los Arroyos se aplican dos normas de alcance general referidas a preservación patrimonial: la Ordenanza Nº 5877/03, que establece las  “Normas de Protección Patrimonial de la Ciudad de San Nicolás” y la Ordenanza Nº 8536/13, ampliatoria y complementaria de la anterior.

Por otro lado, a través de las Ordenanzas
Nº 5330/01, 7475/08 (y numerosas ordenanzas particulares) se declaran los
“Bienes del Patrimonio Cultural Nicoleño”, categoría que alcanza a más de cincuenta
sitios y edificios.

Como órgano natural de aplicación de toda
esta normativa, funciona en la Municipalidad de San Nicolás, en el ámbito de la
Secretaría de Obras y Servicios Públicos, el Departamento de Preservación del
Patrimonio Histórico y Cultural, hoy a cargo de la Arquitecta María Claudia
Petri. Paralelamente, y con el carácter de órgano consultivo, existe el Consejo
Asesor del Patrimonio Histórico de San Nicolás, integrado por representantes de
entidades vinculadas a la investigación y preservación del patrimonio.

¿Por qué es importante la tarea de preservación patrimonial?

Porque, al preservar el patrimonio
cultural, las generaciones actuales estamos sirviendo de puente y ligazón entre
pasado, presente y futuro, y, al hacerlo, nos reconocemos y nos sentimos
partícipes de una tradición cultural construida a lo largo de siglos, de la cual
a su vez extraemos nuestras señas de identidad y sentido de pertenencia.

El patrimonio arquitectónico, en
particular, constituye nuestra memoria colectiva cristalizada en obras, es el
testimonio material de nuestra historia y una fuente inagotable de mensajes que
nos acercan a las concepciones, los hábitos y las formas de organización económica
y social de las comunidades que nos precedieron.

Cuando se ignora, se abandona o se demuele
un espacio de interés patrimonial no sólo se destruye un bien singular que
ostenta en sí mismo valores históricos, simbólicos o estilísticos; también se
está negando a las generaciones actuales y futuras la posibilidad de reconocer una
rica tradición cultural que nos incluye, nos comprende y nos trasciende.

¿Cuáles son los desafíos que se presentan en esta materia?

Un primer obstáculo identificable es de
tipo cultural, y surge del desconocimiento y falta de valoración de esta problemática.
Durante mucho tiempo, el concepto de progreso ha estado fuertemente ligado al
de renovación urbana, es decir, a la idea de que la ciudad crece y se
desarrolla a partir de la producción de nuevos edificios. Esta tendencia ha
sido claramente observable en nuestra ciudad. Es necesario, en este sentido,
llevar adelante una ardua tarea de educación pública, difundiendo nuestro
patrimonio y estimulando su protección.  

Pero quizá el principal desafío que
enfrenta la defensa del patrimonio arquitectónico es la propia dinámica de
renovación urbana que imponen las reglas duras del mercado inmobiliario. La
lógica mercantil, aplicada al espacio urbano sin los adecuados instrumentos de regulación,
propone una ciudad a-histórica, una ciudad que devora permanentemente su
historia a través de la secuencia demolición - sustitución - reconstrucción como
mecánica de producción del hábitat. Si bien en San Nicolás se han realizado
importantes avances en este sentido (a partir de la traumática demolición del
ex - Cine Palace en el año 2000) con la promulgación de la normativa que hemos
citado anteriormente, es necesario además estimular la rehabilitación y
refuncionalización de espacios (en oposición a la idea de simple sustitución) a
través de premios y compensaciones.

Como vemos, el desafío de conocer, sostener y proteger nuestro patrimonio es amplio y complejo. Aquí hemos planteado apenas algunas cuestiones básicas que nos aproximan a su conocimiento y valoración. Lo que sigue es un compromiso colectivo, una tarea de todos.

Arq. Eduardo A. Bluhn