Ahora que estamos juntas

ESCRITO POR

Cecilia Arean

ULTIMA REVISTA

El 2018 fue una bisagra para la lucha feminista. La potencia de ésta experiencia colectiva tiene en el centro de la escena a las mujeres abrazadas, hermanadas. La sororidad rodeó la cotidianeidad de todas y la palabra se convirtió en acción porque juntas somos invencibles.

“(…) pero de ellas perdura una hembra sutil
un hilo ciego que sin saberlo
nos hace crecer y despertarnos en la noche
con unas ganas inmensas de vivir
de derribar todos los muros
de desafiar todas las hogueras
así como de amar y de pulsar
todas
toditas las guitarras de la tierra”.

Mujeres con guitarra de Ana Ilce Gómez

@crisgarabatos

Sororidad es un término que tiene historia, cuya raíz latina es sóror (hermana), y en los distintos períodos fue modificando sus representaciones frente a la cultura machista. Las nuevas dinámicas sociales requieren de ésta palabra un significado ético, político y reivindicativo.

La antropóloga mexicana Marcela Lagarde la define como “una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y el empoderamiento vital de cada mujer”.

Por lo tanto, lo que cuestiona es al sistema patriarcal y a sus opresoras redes. Las mujeres se despojan de sus manuales y mandatos para forjar alianzas de apoyo, complicidad, compañerismo y de reconocimiento.

En los últimos años las demandas de mayores políticas de igualdad redoblan la apuesta, por tal motivo, no está en juego una mera solidaridad entre mujeres sino una dimensión política de cambio social.

La sororidad es un activismo codo a codo, donde los abrazos son el medio para discutir y construir acuerdos.