Economía Solidaria en Argentina. Un camino hacia la inclusión.

ESCRITO POR

Dra. María de los Ángeles Nuñez

ULTIMA REVISTA

Según José Luis Coraggio: “la economía social y solidaria está basada en valores humanos y principios de solidaridad, que propugnan el reconocimiento de la otra persona como fundamento de la acción humana y eje de la renovación de la política, la economía y la sociedad (…) incluye al conjunto de actividades y organizaciones de carácter comunitario, asociativo, cooperativo, mutualista y demás formas colectivas creadas para responder a las necesidades de empleo y de bienestar de los pueblos, así como a movimientos ciudadanos orientados a democratizar y transformar la economía” .


Ahora bien, ¿existe Economía Solidaria en Argentina? Si tomamos estrictamente la definición anterior, podríamos decir que nuestro país posee una rica historia en este campo. Sin embargo, cuando hablamos de Economía Solidaría en Argentina, tenemos que hacer un apéndice en el Banco Popular de la Buena Fe. El mismo comenzó en el año 2002, bajo la propuesta inicial de la Comisión Nacional de Microcréditos del Ministerio de Desarrollo de la Nación, con el fin de promover la calidad de vida de los sectores vulnerables. Este modelo estaba basado en el “Banco de los pobres” ideado en 1976, por Muhammad Yunus.

El financiamiento solidario constituye un instrumento para luchar contra el avance de la polarización social entre ricos y pobres. Se trata de democratizar el acceso al crédito, acompañar la creación de actividades y aumentar la posibilidad de autosustentabilidad de los proyectos. A diferencia del modelo aplicado en la India, en nuestro país, el desarrollo estuvo a cargo del Estado, distintas organizaciones del tercer sector y profesionales del ámbito social de cada localidad.
El banquito, como se lo designa coloquialmente, consiste en un sistema de microcréditos sin interés, destinados a emprendedores que no pueden acceder a créditos bancarios, porque carecen de garantías laborales o de propiedades, debido a su situación de escasez económica.

Los actores involucrados son:
Ministerio de Desarrollo Social, el cual impulsa el programa;
Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), quienes son las organizaciones ejecutoras;
Promotores, encargados de llevar a cabo el proyecto, constituyendo el contacto en forma directa entre Prestatarios y las OSC;
Prestatarios, son los emprendedores beneficiarios directos del crédito y de todas las herramientas de trabajo social propuestas por el programa y los promotores. Para ingresar se requiere la presentación de un proyecto acerca de la actividad que realiza, dividiéndose en servicios, producción y comercialización.

Cada operatoria del banquito está compuesto por grupos de tres, cuatro y hasta cinco emprendedores, que trabajan coordinada y conjuntamente desde la primer capacitación hasta la devolución total del crédito. La dinámica de trabajo grupal, está pautada con roles e intercambios bien establecidos que se explican en un manual operativo y en las sucesivas charlas y reuniones. Las personas de cada grupo y la relación entre ellas, conforman la garantía solidaria. No hay papeles para respaldar este crédito, sólo la palabra empeñada por el grupo. Durante el proceso de cada operatoria, se realizan encuentros en los cuales deben participar los emprendedores, abordándose distintos aspectos: económicos, sociales y de marketing de cada emprendimiento, así como estrategias para reforzar valores comunitarios y solidarios, recuperar la autoestima y sumar acciones para reconstruir el tejido social. Es decir que el modelo plantea una visión global del sujeto emprendedor, en tanto componente de una sociedad que se verá beneficiada de manera directamente proporcional.

Durante estos dieciocho años, el programa tuvo un impacto cualitativo y cuantitativo con una gran participación de los actores involucrados, siendo esta una propuesta que intenta poner énfasis entre los prestatarios y promotores, construyendo un lazo social, con acuerdos y desacuerdos, estableciendo redes de confianza, pautas culturales, compromisos y responsabilidades. Cabe destacar que si bien en los últimos cuatro años el esquema siguió funcionando, este perdió impulso, dado que el modelo nacional vigente en ese periodo, respondía a otras maneras de interpretar el emprendedurismo. En tanto que el modelo popular se centra en lo solidario, lo comunitario y el reconocimiento de las luchas sociales; el modelo liberal propone una visión individualista del emprendedor bajo el concepto de meritocracia, a partir de la cual se entiende que los logros en la vida de un sujeto están relacionados exclusivamente a su propia capacidad, esfuerzo y formación, sin considerar los contextos familiares, económicos, sociales y políticos en los que pudo desarrollarse.

Reconfigurar las políticas públicas para una economía centrada en los sujetos, se convierte en una estrategia vinculada a recuperar la inclusión perdida durante la aplicación de modelos neoliberales. Estos dejaron saldos negativos en cuanto a bienes intangibles, es decir: lazo social, sentido de pertenencia, derechos sociales, identidad, resquebrajamiento del capital social y humano.

Pensar en la Economía Solidaria en nuestro país, es entonces, reconocer una gran problemática histórica acerca del lugar que ocupan los sectores vulnerados, y plantear una superación al modo asistencialista en el que se abordaba. Se prioriza la construcción de ciudadanía a través del aprendizaje libertario, revalorizando los saberes cotidianos, reconociendo sus derechos y desnaturalizando las situaciones que niegan su autonomía. Por lo tanto, desde los ámbitos públicos y privados se debería trabajar con más ahínco en este tipo de modelos inclusivos. Queda mucho por mejorar y depende de las voluntades políticas e individuales visualizar los logros que se han obtenido hasta el momento en este camino.