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ESCRITO POR

Elmita

ULTIMA REVISTA

El cuidado del medioambiente no garpa. Ni para las empresas, ni para el Estado, ni para nosotros “los vecinos de a pie”. ¿Por qué nos cuesta tanto entender que vivir en un ambiente sin contaminación depende del compromiso de todos? Desde San Nicolás de los Arroyos demostramos que no hay vida (o muerte) que nos haga tomar conciencia y reclamar el cuidado del medio en el que vivimos.

“Mi mamá y mi papá murieron de cáncer. Trabajé 12 años en Atanor. Junto a unos compañeros, sabíamos que la empresa estaba contaminando. Los denunciaba todo el tiempo con el gremio pero ellos temían por su fuente de trabajo. Con todo lo que me hicieron, puedo decir que me di por despedido. Al resto de mis compañeros los echaron. Hasta que no te toca de cerca, es muy difícil que la gente se movilice por la contaminación y el cuidado del medioambiente”. Walter Ibarra es uno de los miembros fundadores de la ONG nicoleña Protección Ambiental del Río Paraná desde 2012. Con él debatimos sobre por qué las empresas no toman las medidas de seguridad que corresponden, por qué el Estado no cumple con su función y por qué las personas no reclamamos ni hacemos algo para evitar más víctimas de la contaminación.


Las Empresas
San Nicolás, es una ciudad que está en la punta norte de la provincia de Buenos Aires. Forma parte del Eje Industrial San Lorenzo-La Plata y sus mayores aportes a éste los hace la industria siderúrgica. Sólo un 3% de su territorio está poblado, el resto es zona rural. Por lo tanto, sus dos actividades económicas principales son la industria y el agro.

​La ONG de la que participa Walter, tiene varias causas federales iniciadas contra este sector que parece que está ganando mucha plata sin tener en cuenta la salud de los que lo rodean: “Motomel contamina con cobre y zinc el Arroyo del Medio. Carboquímica arroja alquitrán de hulla y antraceno el río Paraná. AES contamina con químicos la toma de agua. Siderar arroja laminillo al arroyo Ramallo… Es más; todas las empresas del parque Comirsa arrojan sus desechos a un caño que va al río Paraná y al arroyo Ramallo sin ningún tratamiento”. Agregó que está convencido de que cualquiera de estas empresas pueden ser sostenibles sin despedir a ni un solo empleado, pero que de igual manera, se debe invertir mucho.

Si en el buscador de Google escribimos Atanor, el primer resultado sugerido es “Atanor contaminación”. De hecho, es una de las fábricas más contaminantes del país. Tiene sucursales en diferentes provincias. En San Nicolás, ya fue clausurada una vez. Los vecinos del barrio Química, que se ubica al norte de las instalaciones, saben que después de las 18:00 tienen que cerrar sus ventanas para que la nube naranja que aparece en el cielo no contamine, también, el aire de sus casas. Ellos llevan la cuenta de las muertes que carga esta empresa en una remera. Lo llaman: El Mapa de la Muerte. La pregunta que nos hacemos es: ¿Por qué los demás nicoleños que, aunque en menor medida, también son afectados por esta contaminación, no se suman a la lucha de este barrio?

​El Estado
Quien está a cargo del control de estas empresas, es el OPDS (Organismo Provincial de Desarrollo Sustentable). Walter Ibarra afirma que “todo ésto lo sabe la justicia y el poder, pero nadie hace nada. Nosotros entendemos que son todos corruptos; si no, no podrían hacer ésto. Hemos tenido que denunciar a los directivos de los organismos de control del agua y del OPDS por incumplimiento de deberes públicos, porque durante años convalidaron todo lo que hicieron estas empresas.”

La Municipalidad deja en claro que no tiene control sobre el impacto ambiental fuera de las instalaciones, aunque sí la tiene puertas adentro y en la concientización de los ciudadanos con el cuidado del medioambiente. No hay actividades relacionadas a la contaminación industrial, sólo existe un precedente que consiste en un acuerdo en el que Atanor cede una parte del terreno frente a las instalaciones para crear un colchón verde y convertirlo en un espacio público recreativo.

La actual gestión enfocó sus programas en la contaminación domiciliaria: Separación, reducción y reutilización de residuos y la plantación de árboles, entre otras cosas. Lo hacen desde diferentes áreas del ejecutivo, lo que nos llamó poderosamente la atención: ¿Por qué, siendo una ciudad tan contaminada y contaminante no hay un área específica del municipio que se encargue de estos temas? No obtuvimos respuestas desde los políticos pero si seguimos con el siguiente punto, “las personas”, tal vez podamos entender un poco más.

Las personas
¿Por qué el nicoleño no se moviliza ni lucha por causas comunes relacionadas a la contaminación? “La gente tiene miedo de hablar de contaminación. Siempre ponen de excusa la fuente de trabajo. En San Nicolás cuesta hablar de los temas que afectan a los dueños de los campos, de los que usan los fertilizantes. De las familias poderosas de San Nicolás no se habla porque quedás afuera. Y además, la gente no tiene cultura y desde el municipio no hay políticas de concientización que les enseñen a las personas. Hablan de “San Nicolás Verde” pero la ciudad está llena de basureros a cielo abierto, los zanjones con basura, colchones, la gente no tiene ni idea el daño que les causan al medioambiente desde sus casas” nos decía Walter Ibarra.

El factor económico atraviesa cada punto: las empresas no son sustentables porque es caro, el Estado no se hace cargo para sostener las empresas que le generan ingresos, las personas tienen miedo de hablar por no perder el trabajo, no compramos ropa sustentable porque es más caro. Qué difícil es ir en contra de la contaminación viviendo en un sistema que hace caro lo saludable y demasiado accesible lo que nos mata. Es que un ambiente entero es demasiado caro, por eso nos quedamos con medio y destruimos lo otro.